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El submundo a la sombra de Belfast

El submundo a la sombra de Belfast

La ciudad de Belfast (Irlanda del Norte) vive en relativa paz desde que en 1998 se firmara el Acuerdo de Viernes Santo. Aquella rúbrica puso fin a más de 30 años de violencia sectaria en las calles y evitó que las dos comunidades antagónicas que viven en la ciudad, republicanos y unionistas, siguieran desangrándose. La aparición de dos cadáveres en los últimos meses, sin embargo, ha hecho tambalear a una de las construcciones políticas más complejas de Europa.

Belfast es una ciudad gris, inexorablemente post industrial y copada de lugares destartalados. Una de sus señas de identidad reciente son los gigantescos murales pintados sobre la fachada de edificios construidos bajo el manto de un cuestionable rigor urbanístico. Aparecen salpicados sin solución de continuidad, con mayor profusión en las calles de Belfast Este y Belfast Oeste, para representar desde escenas de naturaleza a grandes chimeneas, pasando por diferentes motivos deportivos. Existe sin embargo una temática que destaca por encima de las demás, tanto en número de obras como en expresividad: es aquella en la que rifles de asalto, soldados protegidos por pasamontañas y banderas se entremezclan.

El barrio de Sydenham linda al noreste con la pista de aterrizaje del Aeropuerto George Best. En una de sus calles existía hasta hace dos años un mural en recuerdo del mejor futbolista de la historia de Irlanda del Norte. Best, representado luciendo la camiseta verde inmaculada de su selección, fue borrado sin previo aviso. En su lugar se erigió la silueta amenazante de un miembro de la Ulster Volunteer Force (UVF), uno de los grupos terroristas que protagonizó la espiral de violencia desarrollada en la región a partir de 1960.

La UVF -de tendencia unionista pro-británica- asesinó a más de 500 personas durante The Troubles. Al otro lado de la ciudad los murales recuerdan a héroes locales caídos, de ideología republicana pro-irlandesa: combatientes del Irish Republican Army (IRA) -organización que dio muerte a 1.800 personas según estimaciones. Todas las obras se pueden visitar, hay tours organizados a la manera de cualquier otra actividad turística y son a diario fotografiadas dado su exotismo. Su razón de ser, mientras tanto, sigue siendo la de idealizar a grupos paramilitares que causaron la muerte de 3.568 personas e hirieron a más de 47.000.

La vida en la sombra

En los seis condados de Irlanda de Norte la situación comenzó a cambiar hace ahora veinte años. Desde hace quince, gracias al Acuerdo de Viernes Santo (1998), no existen bandos beligerantes que actúen abiertamente. El IRA Provisional, la UVF o la UDA (Ulster Defence Association) declararon el alto el fuego en 1994 y sus armas fueron inhabilitadas de forma progresiva durante la década de los ’00. Los asesinatos esporádicos, sin embargo, han continuado.

Uno de los murales unionistas ubicado en las calles del Belfas./ CC Stéphane Rossignol Flickr

Uno de los murales unionistas ubicado en las calles del Belfast./ CC Stéphane Rossignol Flickr

Hablamos de grupos cuya estructura se conformó en muchos casos como células aisladas entre sí y formadas por personas que durante décadas actuaron al margen de la ley y rodeadas de un ambiente cerrado en una u otra comunidad antagónica. A pesar del cese oficial de su actividad armada y de las intenciones que los veteranos del conflicto mostraron en su momento, fue imposible controlar la actividad de todos y cada uno de los militantes que se lanzaron a las calles del Norte para hacer la guerra de guerrillas.

Un ejemplo significativo es el del IRA. A cada tregua establecida por la élite de la organización le siguió una escisión de rebeldes opuestos al alto el fuego. Así surgieron el Continuity IRA (CIRA), el Real IRA, el IRA 2012 u Óglaigh na hÉireann. Los combatientes afiliados a estos grupos, a menudo enfrentados entre sí, son en la actualidad el principal quebradero de cabeza de las autoridades norirlandesas. Las acciones violentas -llevadas a cabo tanto por los disidentes republicanos como por los unionistas- han perdida la seña política que los identificó en el pasado y los motivos suelen apuntar a venganzas personales o conflictos entre facciones propios de bandas criminales genéricas. El control del submundo de la droga es una de las razones de ser actual de algunos de estos grupos aún activos en las calles de Irlanda del Norte.

Dos cadáveres incómodos

La degeneración de los enfrentamientos en la sombra llevados a cabo a menudo ha tenido por víctimas a inocentes desafortunados o a jóvenes criminales atrapados en la viscosa estructura de las bandas disidentes. En otros casos, la vinculación de los fallecidos con facciones que se creían disueltas e inactivas lleva a preguntas incómodas.

Las muertes de Gerard Davison el pasado mayo y de Kevin McGuigan en agosto, ambas en Belfast, entran en el grupo de las que llevan demasiadas dudas asociadas. Los dos hombres estuvieron enrolados en las filas del IRA Provisional desde la década de los ’90, su historia está relacionada y sus asesinatos violentos conducen al mundo del republicanismo disidente. Cuando George Hamilton, jefe del Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), anunció tras la muerte de McGuigan que “alguna infraestructura del PIRA sigue existiendo” y dio a entender que los asesinos podrían estar vinculados con el grupo, las alarmas comenzaron a sonar.

Gerry Adams, presidente del Sinn Féin, fotografiado en 1980 en el feudo republicano de Falls Road en Belfast./ CC Burns Library, Boston College.

Gerry Adams, presidente del Sinn Féin, fotografiado en 1980 en el feudo republicano de Falls Road en Belfast./ CC Burns Library, Boston College.

Los dos partidos unionistas del gobierno compartido de Irlanda del Norte, UUP (Ulster Unionist Party) y DUP (Democratic Unionist Party), no tardaron en anunciar que la autonomía de la región debería ser suspendida de confirmarse las sospechas lanzadas por la policía, dado que no aceptarían seguir formando parte de unas instituciones en las que también está el Sinn Féin -el partido por antonomasia de los republicanos pro-irlandeses.

Los portavoces del Sinn Féin, Martin McGuinness y Gerry Adams, apuntaron en la dirección opuesta. Uno y otro, dos de las principales figuras del republicanismo, desecharon con insistencia la idea de la existencia de un IRA Provisional activo, pues entre otras consecuencias ello significaría que el antiguo brazo político del Sinn Féin habría seguido amparando la violencia.

La Ley de Murphy

El encadenado de estos dos asesinatos y sus implicaciones políticas, que de por sí y en solitario podría haber provocado una crisis de confianza en el gobierno a cinco bandas, ha llegado en un momento crítico para el ejecutivo de Stormont. La redacción del presupuesto anual de la Provincia lleva en punto muerto medio año a causa de las discrepancias en materia de gasto en sanidad y ya desde marzo algunas voces apuntaron a la resolución del problema por la vía directa: la imposición del gobierno de Londres de la partida presupuestaria de 2015 sin intervención del ejecutivo regional.

Se trata de una salida que no gusta a nadie, no ya por la pérdida de unas competencias descentralizadas sino por las implicaciones globales que tendría para Irlanda del Norte. Los Seis Condados cuentan con un estatus particularísimo, fruto de su turbulento y reciente pasado, y el Gobierno compartido entre los cinco partidos políticos que representan a la mayoría de las dos comunidades enfrentadas es una construcción con paredes de cristal.

Edificio del Parlamento de Irlanda del Norto, en el distrito de Stormont, Belfast./ CC "informatique" Flickr.

Edificio del Parlamento de Irlanda del Norte ubicado en el distrito de Stormont, Belfast./ CC “informatique” Flickr.

La ruptura de la paz, forjada trabajosamente hace dos décadas, siempre fue un temor recurrente. El recelo actual a una crisis de calado viene provocado porque el golpe, esta vez, afecta a la línea de flotación del proceso norirlandés: la confianza. Los protagonistas políticos conocen el pasado de sus rivales, saben de la relación de cercanía que tal partido tuvo con cual organización de dudosa reputación, y comenzaron un proceso funanbulista basado en concesiones mutuas.

La condena de toda actividad armada por parte de los representantes políticos y el cese y desarticulación de todo grupo paramilitar era condición sine qua non. Seguirían existiendo grupúsculos disidentes -republicanos o unionistas- opuestos al proceso de paz, pero los grandes emblemas de la lucha armada no estarían ahí para acoger las acciones bajo su paraguas. En ese cruce de caminos es en el que unos y otros interpretan la afirmación del jefe del PSNI sobre la actividad del actor principal de los Troubles, el IRA Provisional.

Un elefante en la habitación

La sociedad norirlandesa ha querido pasar página, consiguiéndolo en gran medida con éxito. Sin embargo, muchos elementos del pasado han sido barridos sin más bajo la alfombra. La normalidad civil y política, que ha de ser el motor que reactive a Irlanda del Norte, se pensó que iría progresivamente purificando el ambiente, normalizándolo, hasta convertir los treinta años de disparos en un recuerdo de algo que sucedió en un lugar que ha cambiado.

Los planes trazados sobre papel suelen ser imposibles de llevar a la realidad con total fiabilidad, y a veces se encuentran puntos de sombra que no se corresponden con lo ideado. La violencia sectaria durante celebraciones arraigadas dentro de cada comunidad o la vida aislada por barrios, republicanos-católicos-irlandeses a un lado y unionistas-protestantes-británicos al otro, son dos ejemplos de ello.

El novísimo museo del Titanic es el mejor ejemplo de la imagen que Belfast desea proyectar ahora al mundo./ CC "beyondboundariesphotography"

El novísimo museo del Titanic es el mejor ejemplo de la imagen que Belfast desea proyectar ahora al mundo./ CC “beyondboundariesphotography”

La degeneración de aquellos que se opusieron a dejar las armas e intentan mantener aún hoy una lucha sin causa ni bandera es otro de los aspectos no resueltos. Para gran parte de la población norirlandesa éste no es un problema que afecte al desarrollo normal de su vida. Pero, no obstante, ocurre en ocasiones; y es entonces cuando la cotidianidad se da de bruces con una escena que corresponde a otro tiempo.

Un asesinato en plena calle o un tiroteo de castigo (aún habituales en la zona) no pasa por alto. Tampoco debería hacerlo la reconversión de un mural deportivo en uno de temática pro-belicista. Lo segundo se atisba como superficial, pues es cierto que la gran mayoría de obras como esa nunca desaparecieron de las calles de las ciudades, pero contiene la explicación a mucho de lo que en estos días amenaza con derribar al gobierno de Irlanda del Norte.

Ahora, como en 1998, vuelve a ser el momento de la política. Las instituciones -irlandesas, británicas y norirlandesas- cuentan con los mecanismos necesarios para reconducir la situación, pero sólo se avanzará, como afirman unos y otros, si se recupera la confianza general en quien se sienta en la silla de enfrente en la mesa de negociación.

Si la crisis de 2015 queda atrás y las instituciones del Norte recuperan la normalidad, la prueba de fuego salvada sentará un nuevo precedente positivo. Es probable que, entonces y en adelante, las calles de Belfast no vuelvan a asistir atónitas a la aparición de un nuevo y siniestro mural con soldados por protagonistas.

Mural en recuerdo de George Best borrado en septiembre de 2013 de las calles de Belfas./ Google Maps

Mural en recuerdo de George Best borrado en septiembre de 2013 de las calles de Belfast./ Google Maps

Especial Irlanda del Norte: La Historia pintada en la ciudad de las dos caras | Guía rápida sobre Irlanda del Norte

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